Renacimientos contemporáneos: Los Bravú
- koraarteentrometid
- 5 nov 2020
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¿Cuáles son las líneas del arte actual que os resultan más atractivas? Uno de los planteamientos que a nosotras nos ha conquistado es en el que trabajan los Bravú, encargados de analizar el presente desde la reutilización de las formas de un pasado que nos resulta familiar.
Los Bravú es el nombre del dúo creativo formado, desde 2012, por los artistas Dea Gómez (Salamanca, 1989) y Diego Omil (Pontevedra, 1988). Ambos, licenciados en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, han desarrollado una carrera artística basada en el cómic, el diseño gráfico, el collage, la moda y una visión renovada del pasado clásico occidental. En su pintura abordan temas actuales con reminiscencias a una estética clásica casi academicista. Residieron en Roma gracias a una beca en la Real Academia de España, donde estudiaron tradición italiana renacentista visitando iglesias y museos. Hoy hablaremos de cómo Los Bravú han integrado estos referentes artísticos de los siglos XV y XVI a la postmodernidad del siglo XXI.
Estos artistas de provincias actualmente trabajan entre Galicia y Londres, donde producen obras destinadas a su exposición en galerías, ferias y centros de arte contemporáneo como Justmad, Estampa o en Matadero-Madrid. A continuación, hablaremos de algunas de las obras que formaron parte de su última exposición en el Da2 (Salamanca) celebrada en 2019.

Vista del Jardín de la Villa, 2018
En la pintura de Los Bravú la estética renacentista de Piero della Francesca o Fra Angelico se hace presente en las miradas ensimismadas de los personajes presentados con la gestualidad de modelos religiosos de la iconografía cristiana. Clara es la influencia de La Visitación a la Virgen María de Rafael en la obra contemporánea de La visita. En La pintura del siglo XVI se narra el encuentro entre María e Isabel, embarazadas de Jesús y San Juan respectivamente, relatado en el Nuevo Testamento (Lucas 1, 39-45) dentro de un escenario bucólico. En cambio, Los Bravú representan a dos personajes femeninos ubicados en un interior de aspecto rural, enfatizado por la incorporación de vegetales y productos de matanza, en el que se juega con texturas diferenciadas. Entorno en el que se incluye un perro, símbolo tradicional de la fidelidad. Esto último puede entenderse como reflejo del tipo de relación que mantienen las mujeres representadas. La obra diseñada por Rafael, ejecutada por Giulio Romano y Giovanni Francesco Penni, llega a España debido a su adquisición en 1655 por Felipe IV. Actualmente forma parte de la colección del Museo del Prado.

La visita, 2019 La Visitación, 1517
Del mismo modo, toman como modelos esculturas griegas para desarrollar su pintura, como es el caso del Spinario, de bronce helenístico datado alrededor del siglo I a. C., que se exhibe en los Museos Capitolinos de Roma. En ambas obras se representa a un muchacho sentado mientras se quita una espina de la planta del pie izquierdo. Los Bravú, además de conseguir traspasar las diferentes texturas a las dos dimensiones, incorporan una paleta cromática afín a la empleada por Picasso durante su etapa azul. El toque de modernidad viene dado por la sustitución del asiento por un taburete de Ikea.

Espinario, 2019 Spinario, S. I a.C
Como no podía ser de otra forma, la tradición española también juega un papel destacado dentro de su producción artística. En este caso, Los Bravú convierten al caballero cristiano manierista por excelencia en un joven muchacho de tez nívea. La lechuguilla y el negro español del típico traje de los Austrias se ve sustituido por una chaqueta azul de nylon con capucha. No obstante, mantiene el gesto de llevarse la mano al pecho. Este gesto, que conserva los dos dedos quebrados, pero no la mano elegida para realizarlo, nos habla del honor y templanza del retratado en el original del Greco. Pudiéndose plantear los dudosos valores morales del joven pelirrojo del siglo XXI, que decidió retirar la mirada directa al espectador.

Retrato mano en el pecho, 2019 El caballero de la mano en el pecho, 1580
Un aspecto interesante de la producción del dúo de artistas es la representación de las costumbres de la juventud contemporánea. En esta última obra vemos cómo dos jóvenes se relajan haciendo botellón bajo un pórtico castellano, alterado con graffitis, pasan el tiempo bebiendo vino y whisky, destacando el detalle de una bolsa del Corte Inglés. Ambas figuras adoptan posturas repetidas a lo largo del tiempo en el arte sacro. Uno de estos jóvenes se apoya en una columna, haciendo referencia a la iconografía del Martirio de San Sebastián empleada por el artista del Quattrocento italiano Marco Palmezzano. Vemos pues como el antiguo soldado romano se convierte en el portador de un look en consonancia a las últimas tendencias.

Borrachos castellanos, 2019 Martirio de San Sebastián, 1515-1520
En realidad, muestran imágenes propias de las redes sociales, imágenes que no reflejan la realidad de sus protagonistas. En estos espacios públicos digitales posamos, retocamos nuestro entorno y la realidad para alcanzar los ideales de belleza y mostrar la cara amable del mundo. En ellos no existe un espacio para el sufrimiento, al igual que en la pintura de Los Bravú.
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